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miércoles, 27 de abril de 2011

La palabra II




Se perdió, la tenía y se me escabulló.  Empecé a buscarla.
Subí las espiraladas  escaleras de la Torre de Babel, pero no estaba allí.
Mastiqué, una y otra vez, esa enciclopedia formidable -  y llena de polvo - de la biblioteca en vano.
Volé al espacio para captar alguna transmisión satelital que la llevara, mas allí tampoco la encontré.
Completé todos los crucigramas del diario del domingo en un esfuerzo fútil pues jamás vino a mí.
Intenté vislumbrarla en la entrañable sopa de letras de mi viejita, y nada.
Quise leerla allí donde nadie lee: en los créditos de las películas; en el manual de uso del microondas; en la letra chica de los contratos; en las etiquetas de los shampúes. Pero el resultado fue negativo.
Y acá me encuentro ahora, añorándola, sigo buscándola y no cejaré. Esa palabrita traviesa anda por ahí y la voy a encontrar. Y ese día ¡que se prepare! porque la volveré a perder…

lunes, 18 de abril de 2011

Juan volaba.



Juan volaba, alto, muy alto, tan alto que de vez en cuando tocaba alguna estrella. Otras veces volaba y se divertía hundiéndose en una esponjosa nube sólo para sentir las frías gotitas en su rostro. Volaba sobre picos nevados; sobre verdes valles; en vuelo rasante pasaba sobre lagos levantando pequeñas olas sobre su ,hasta entonces, quieta superficie. Desde lo alto seguía el curso de serpenteantes ríos color zafiro que finalmente ofrendaban sus aguas al inmenso mar.  Nunca dormía, no le hacía falta pues desconocía lo que era el cansancio, nunca tenía hambre, no sufría con el frío o el calor, pero sobre todas las cosas Juan era feliz, a pesar de su aparente soledad, era increíblemente feliz porque era libre. Libre de volar a donde quisiera,de jugar a cambiar el orden de los colores del arcoiris, de recorrer otros mundos, de flotar mansamente en el cielo o surcarlo a la velocidad del rayo.
La libertad de Juan era absoluta.
Juan no había nacido...