Y llegó el día en que los hijos de los dioses se creyeron dioses.
Se olvidaron del amor por la naturaleza y la sojuzgaron, la mancillaron, la despreciaron tanto como la necesitaron. Y ella estuvo allí, estoica, amándolos sin reservas, dando, siempre dando y perdiendo, sangrando.
Pero al final todo termina, los falsos dioses ahora lloran, tienen miedo, la tierra muere. Ellos imploran a dioses demasiado cansados de perdonar.
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