Páginas vistas en total

miércoles, 21 de agosto de 2013

Mujer-flor



Dulce néctar por tus venas corre
Pétalos radiantes prometen el infinito
El águila en frágil mariposa transmuta
Se posa sobre tu níveo cuello y susurra
Palabras de cristal, secretas, mágicas
Tallo palpitante sobrevuela
Y de tu sexo trémulo liba
Mientras el ojo plateado refleja sudor y perfume,
amor y lujuria,
inocencia y desfachatez.
Refleja vida.

Hombre-árbol



Como un cromatófago profano tu alma y bebo sus colores
Aspiro tu música tan dulce tan narcótica e implacablemente me embriago
Y con pies de árbol añejo arraigo en tu mente
Tratando de inocular tu corazón con mi savia
Y así alimentarnos mutuamente
Para siempre, como nunca.

Reflexionando II



Las ideas son como piedras del desierto que ante el calor extremo estallan diseminándose por doquier.

Espejo



El espejo es mágico. 
Por la mañana refleja un duro cardo
Por la tarde una suave violeta
Por la noche... sólo una rama seca.

Dos tanka (uno grupal).



Vil mariposa
tu espesa soledad
me deja frío
paciente quise fluir
en tu interior muerto.

(con José, Irene y Pepa).





Yacer muy juntos
cielo y mar, telón azul
arena tibia
desolado corazón
nunca más así tendremos


Reflexionando



A veces la naturaleza no es del todo justa (de su sabiduría nadie duda). La arena produce lágrimas al entrar en los ojos distraídos, mas las lágrimas no pueden producir arena... aunque a veces abrasen.

martes, 13 de agosto de 2013

Tres en cadena (para una amante ausente)



Una pequeña acción
subleva mis sentidos
se desencadena un torrente
[imparable]
VOS sos la culpable...



Fugáz aparición
doliente espero
una luz, un aleteo
efímero y volátil
pequeña recompensa
para estos ojos



Amante intangible
compañera de soledades
ante múltiple ojos
jugamos a ser uno
pretendemos
simulamos
cuando en realidad soñamos...

¿Doble o único sentido?

El Hombre y la Yegua


En un mar infinito de altas pasturas, en el horizonte, allá donde la tierra se confunde con el cielo, el sol recorta su figura.
Indómita la yegua corcovea, el hombre se esfuerza por mantenerse en el apero.
La lucha comienza y termina. Bestia y hombre, animales al fin. El sabe que puede domarla, ella se deja domar... pero no sin antes recibir un azote de su fusta.

Hambre



El perro es fiel, obediente, su instinto le apuñala el estómago pero no ceja, una fuerza inveterada lo controla.
¿O es el placer de lo prohibido, de lo que duele?
Se relame, babea... ella se acerca y le dice "¡coma!"... y el perro come... pero sobre todo goza...


Odas Guarangas De Un Bigote Falso (sátira).

La Oda de Saubako (fragmento)

Un Pierrot de cartón prensado
alarmado,
más después que antes
comprobó pasmado
su hedor,
no tenía desodorante

Ode a le Gaz  (fragmento)

El sibarita disfruta
en la mesa un buen plato
pero a la hora de la fruta
hace sonar un divino flato

 Ode al Salpicrepè (fragmento)

Dejá yo te aviso
y el caballero avisó
más no se dió cuenta
y al ojo salpicó

 Oda al petite petê (fragmento)

Pierre pregunta
la hechicera contesta
"hacendosa maga
¿ud escupe o traga?"

 Ode a la palomèt (fragmento)

Tu vuelo
efímero
sonoro.
Tu vuelo
fugáz
etéreo.
Tu vuelo
estrellado y marrón








"Odas Guarangas De Un Bigote Falso" - Rafateur de La Valleé - 1969

Intentos de Haiku

 
Gris montaña vi.
La mañana perfecta
muere de pie.



Ojos cerrados,
buscadores de sueños,
encuentran la paz.



Soles y lunas
competencia vil
de amor sereno




De mi ser huye
palabra traicionera,
no quiero callar.




Extraño tu ser
-alma pura y eterna-
de cuerpo ausente.

lunes, 5 de agosto de 2013

La mano que lee



Tu ojo lee la mano que a su vez leyó los años, años que dejaron marcas, huellas, experiencias y suertes echadas, destino de todos.
Mi ojo lee tu mano... la mano que leyó mis años.

Virtual(mente)



Dame tu mano
Siente
Ojo sobre ojo
Boca sobre boca
Espejo perfecto
Perfume irreal
Sangre que late
Soy tuyo
Mi mano busca la tuya
Siento
Quiero
Deseo
Y la pantalla
Falso espejo que nos separa
[y nos une]

Rendido



Estaba sentado en su sillón preferido, por el rabillo del ojo atisbó lo que su olfato le había anticipado. Sin ganas ya de luchar cerró los ojos y pensó en sus hijos, su mujer y en esa isla paradisíaca a la que nunca irían. El rojo dolor en su cuello duró pocos segundos. La bestia eructó -Eres mío- pero él ya no estaba allí...