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miércoles, 12 de junio de 2013

Piel negra, corazón púrpura.



Amanda Taylor, nacida en Biloxi e hija de hijos de esclavos, sólo recibe del  gobierno de los Estados Unidos un “Corazón Púrpura”, una bandera y un telegrama.

Carl Taylor partió a la guerra con la frente en alto, orgulloso de ser hijo de esta patria que lo segrega, que lo humilla, que lo odia. Por fin iba a demostrar que él ama a su país tanto o más que una persona blanca, se ganaría el respeto y hasta podría aspirar a un buen trabajo cuando regresara a casa.

“Lamento tener que informarle que su hijo fue muerto en combate…”

A Carl lo entrenaron para ser cargador de la batería de proa de un crucero pero una vez a bordo su servicio sólo se limitaba a mayordomo, a lustrar botas, a lavar ropa. Ni siquiera se aventuraba a caminar por la cubierta sin compañía, pues temía que lo empujaran por la borda.

“… él fue un excelente marino  que se comportó con bravura en medio del traicionero ataque de un submarino japonés…”

Amanda se aferra a esa bandera, una lágrima rueda por su mejilla.

“… tiene que sentirse orgullosa de su hijo que dio su vida por la patria. Compartimos y comprendemos su dolor.”

La mujer mira la foto de su hijo con el uniforme, siente que no fue en vano este sacrificio, su Carl murió luchando por la libertad, enfrentando al enemigo codo a codo con sus compañeros, Carl Taylor es todo un héroe.

Lo que nunca supo Amanda es que cuando el buque fue torpedeado su hijo estaba pelando papas…