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lunes, 29 de agosto de 2011

En automático




Destellos multicolores sobre un negro profundo. Iris sublime pegado a una pestaña maquiavélica que manipula a esa mota de polvo.
Una lágrima salada evaporada  en la comisura de unos labios partidos por un atroz  frío lacerante.
Pies descalzos, talones curtidos y espinas que se ensañan en la áspera carne oscura.
Tierra abajo, tierra arriba, tierra dentro de mí.
Y sin parar escribo. Y duermo y sueño ¿o sueño que duermo? Mejor soñar que no sueño y que todo lo que sueño es real y todo lo que es real es un sueño… o una pesadilla.
Tic-tac, el reloj mental me compele ¿a qué? No lo sé.
Tic-tac, molesta… tic-tac continúa y espero la campanada final que me permita descansar para siempre.
Reposar,  volar y no caer. O caer y volar, planear y esquivar el suelo duro. Revolcarme en las nubes y mirar hacia abajo y escupir a las hormiguitas -que son personas- y esconderme y reír.
Las hormiguitas seguirán siendo hormigas y alguna, de vez en cuando, levantará la cabeza y se animará a mirar al sol, me verá y querrá volar y yo le tenderá mi mano-ala y volará conmigo. Siempre y cuando reciba un pisotón… porque para volar libremente, primero hay que desaparecer.

lunes, 8 de agosto de 2011

Las extrañas flores



Bajo un cielo plomizo mis pies iban dejando huellas en el polvoriento suelo anaranjado.  El invierno cruel con su filoso soplido sureño laceraba mis ojos. Un escobillón gigante en mis manos;  un perro negro y una morera raquítica y desnuda del otro lado del alambrado eran mudos testigos de mi rutina. Meditando sobre la existencia o tal vez tarareando mentalmente una canción, seguía con mi monótona tarea: caminar arrastrando el enorme cepillo, levantando nubecitas de polvo ocre, para emparejar el suelo y prepararlo para recibir un poco de agua.
De repente algo extraño sucedió, un milagro tomó forma ante mis ojos; la hasta entonces deshojada morera había súbitamente florecido. Maravillado me quedé mirándola sin poder dar crédito a lo que veía, el pequeño árbol había florecido en pleno invierno y lo verdaderamente raro en todo eso eran las flores que habían brotado de sus esqueléticas ramitas: flores con pétalos de plumas. Flores  de una brillante y bella oscuridad. Flores negras y palpitantes.
Una fuerte ráfaga de helado viento azotó mi cara, desesperado vi como la morera se agitaba y como una fantástica bestia de cientos de brazos se sacudía como queriendo deshacerse de esas extrañas flores. Todas cayeron. Todas volaron. Entre graznidos y gorjeos se alejaron aleteando.  Un rayo de sol rasgó el encapotado cielo, bajé la vista  y seguí meditando o tarareando; dejando huellas en el polvoriento suelo anaranjado.

viernes, 5 de agosto de 2011

Sahara




Vida y muerte a través del cristal
Cielo rojo fuego. Marte prevalece
El Sahara arde. Sangre y humo
Una pulseada de manos de acero
Miles de estériles plegarias a un Dios ausente
Botas y pies descalzos pisan un mismo suelo
Sangre y arena. Sol ardiente
Botín maldito: oro negro (pestilente y precioso)
Vida y muerte, única e inexorable
Cielo rojo fuego. Marte reina
Vida y muerte, desechable y omnipresente
El Sahara arde en alta definición
Y el mundo gira impasible
Y el hombre llora
Y Marte sonríe…

miércoles, 3 de agosto de 2011

Alfa y Omega


Pedro se ríe de pequeñas y grandes cosas. Su vida es una minúscula síntesis en una página de trágico humor. Es viernes, la semana llega a su fin y su vida también. Miles de muertes sufrirá, sólo una vida disfruta. Miles de páginas de dolor, miles de vidas; una sola muerte para gozar.
Hoy es viernes: comienzo y fin. Alfa y Omega.

Vida, síntesis, muerte.
Pedro ríe.